Todos hemos experimentado ansiedad alguna que otra vez, ante una entrevista de
trabajo, hablar en público o un examen, ese estado momentáneo de excitación o de
aturdimiento. Es lógico. Sin embargo, cuando esta alarma se dispara y se instaura en
nosotros, se habla entonces de la ansiedad patológica o del trastorno de ansiedad.
El psiquiatra Enrique Rojas (2014) afirma que la ansiedad es un temor indefinido, poco
claro que se experimenta como anticipación de lo peor. Es decir, el futuro se precipita
sobre el presente cargado de malos augurios: anticipación temerosa llena de incertidumbre e inseguridad. La sensación es de alarma y desagradable agitación. El vivir se convierte en una amenaza y afrontamos la vida con temor.

Nuestro organismo se hiperactiva fisiológicamente, y podemos destacar dos sistemas
esenciales de respuesta:
Respuestas físicas: son manifestaciones somáticas que se deben a una activación del
sistema nervioso autónomo. Los principales síntomas son:
Taquicardia
Nudo en el estómago
Dificultad respiratoria
Opresión precordial
Sequedad de boca
Aumento del tono muscular
Náuseas o deseos de vomitar
Despeños diarreicos
Dificultad para tragar
Vértigos o inestabilidad espacial
Respuestas cognitivas: se refiere a la manera de procesar la información que le llega y
afecta a la percepción, la memoria y el pensamiento y la forma de utilizar los
instrumentos de inteligencia. Sus principales síntomas son:
Inquietud mental
Anticipación de lo peor
Preocupaciones obsesivas
Pensamientos intrusivos negativos
Pesimismo generalizado
Dificultades de concentración
Pensamientos de los que no se puede liberar
Cualquier noticia afecta negativamente
Es más fácil acordarse de lo negativo que de lo positivo
Resulta lógico afirmar que más de una de estas características nos resuenen en alguno
que otro episodio de nuestra vida, o quizás estén conviviendo con nosotros en este
momento, puesto que la ansiedad está relacionada con nuestras preocupaciones
esenciales: tener un empleo, seguridad económica, estabilidad afectiva… Al girar
nuestra existencia alrededor de tales valores, el miedo a perder lo que tenemos, sea
un peligro real o imaginario, lo vivimos con ansiedad. El cerebro no distingue la
realidad de la ficción y el resultado es sufrir malestar anticipado por algo que nunca va
a ocurrir.
Para tratar la ansiedad, los ansiolíticos son la primera prescripción del médico de
cabecera. Después el paciente tiende a automedicarse y a modificar la dosis, lo cual es
peligroso, ya que los psicofármacos si no se usan adecuadamente pueden causar
dependencia, trastornos de la concentración, de la atención y de la memoria. Por ese motivo, intervengo desde la Terapia Breve Estratégica. A continuación te cuento:
Enfocar la Ansiedad desde la Terapia Breve Estratégica
Desde la Terapia Breve Estratégica, la intervención se focaliza sobre las Soluciones
Intentadas. Se refiere a las estrategias que la persona tiende a repetir de forma
sistemática para resolver un problema y no consigue el cambio deseado “más de lo
mismo”, y en vez de resolverlo, el problema se mantiene, o lo que es peor, se complica
aún más.

Lo que solemos hacer y no nos funciona:
Evitar situaciones de supuesto peligro: esto genera en un primer momento el
alivio de no tener que enfrentarnos a lo que nos da miedo, pero después nos
sentiremos más frágiles, más débiles, y en consecuencia tendremos más miedo.
Pedir ayuda: la persona que sufre de ansiedad por enfrentarse en
determinadas situaciones o contextos tiende a pedir ayuda a los que le rodean
para sentirse acompañados, o para que hagan por ella alguna acción que
temen. En principio alivia, pero al mismo tiempo, confirma la idea de que yo
solo no puedo hacerlo porque la necesidad de una “muleta” no es total
independencia, no es confianza en uno mismo y aumenta la debilidad.
Controlar los pensamientos: lamentablemente “intentar no pensar” en aquello
que nos crea ansiedad funciona como una paradoja: cuanto más intento no
pensar en algo, más necesita la mente saber en lo que tiene que pensar para no
pensarlo, con el resultado de estar todo el día pensando en lo mismo; Por
ejemplo, intentad en no pensar en un “elefante rosa”…¿qué tenemos en la
mente?. Precisamente a un elefante rosa. Con los síntomas físicos sucede del
mismo modo, cuando comenzamos a sentirlos, ponemos toda nuestra atención
sobre ellos y provocamos un aumento de su intensidad.
Según los estudios realizados y publicados en "Brief Strategic Therapy" ( Nardone G., Watzlawick P., 2004), la Terapia Breve Estratégica se caracteriza por la eficacia y eficiencia ante los trastornos de ansiedad con una puntuación de éxito en el 95% de los casos. En Sweet Talk del Vendrell, acompaño al paciente a conseguir la SOLUCIÓN DEFINITIVA al problema que trae en sesión con maniobras aparentemente simples, en el menor tiempo y con el menor esfuerzo.

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